cuatrosantos

Cuentos con moraleja: "¿Escucha Dios nuestras oraciones?

hombre rezando

Un joven fue a una reunión bíblica en la casa de un matrimonio amigo. El matrimonio dividió el estudio entre oír a Dios y obedecer la palabra del Señor. El joven solo quería saber si Dios aún hablaba con las personas y escuchaba sus oraciones.

Después de la reunión, se fue a tomar un café con los amigos. Eran aproximadamente las 10 de la noche cuando el joven se despidió de sus amigos y se dirigió a su casa.

Ya en su coche, comenzó a pedir:

—Señor Si aún hablas con las personas, habla conmigo. Yo te escucharé. Haré todo lo que me digas.

Mientras conducía por la avenida principal de la ciudad, tuvo un pensamiento muy extraño, como si una voz hablase dentro de su cabeza:

—¡Para y compra un litro de leche!

 Movió su cabeza y dijo en voz alta:

—¿Eres tu Señor?

No obtuvo respuesta y continuó para su casa. Sin embargo, nuevamente, surgió el pensamiento:

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Domingo XXIV del T.O. (A) (17 septiembre 2017)

confesiondesanpedro

Mt 18: 21-35

Entonces, se acercó Pedro a preguntarle: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le respondió: -No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos viene a ser como un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos. Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y que así pagase. Entonces el siervo, se echó a sus pies y le suplicaba: «Ten paciencia conmigo y te pagaré todo». El señor, compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda. Al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: «Págame lo que me debes». Su compañero, se echó a sus pies y se puso a rogarle: «Ten paciencia conmigo y te pagaré». Pero él no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado. Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti?» Y su señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. Del mismo modo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.

Una vez más Pedro se acerca a preguntarle a Jesús una duda que tenía.

También nosotros deberíamos tener esa confianza con Jesús para acercarnos y preguntarle nuestras dudas.

El mismo Pedro que hace la pregunta da la respuesta que se solía hacer en el pueblo judío: ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano que me ofende? Hasta siete veces. Pero en cambio Jesús nos enseña que el perdón ha de ser de corazón. Una vez más, Jesús profundiza sobre una enseñanza que ya existía y le da un nuevo sentido: Nosotros tenemos que perdonar siempre del mismo modo que Dios siempre nos perdona a nosotros si acudimos a Él arrepentidos de corazón.

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La acción de gracias después de la Comunión

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Una vez, viendo San Felipe Neri que varios de los fieles salían de la iglesia después de recibir la comunión, sin dedicar un momento de acción de gracias al Señor, mandó dos monaguillos con dos cirios encendidos a que siguieran a estos «apresurados».

-¿Por qué? -Preguntó uno de ellos-.

Y el santo le contestó: «Para que acompañen al Santísimo que tú has recibido hace un momento y lo alaben de tu parte».

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