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Cuentos con moraleja: "La ceguera del Dr. Marwin"

silla de ruedas

Cuando el Dr. Marwin era joven alumno de la escuela de medicina de Plateville en Wisconsin (USA), estaba profundamente convencido de la estupidez que suponía llenar el mundo de enfermos incurables y seres inválidos. Defendía ardientemente la eutanasia y acostumbraba a discutir esos temas con sus compañeros de clase.

—Pero si esa es precisamente nuestra misión -le contestaban-. Estamos aquí para cuidar del cojo, el lisiado y el ciego.

La misión del médico -replicaba siempre Martín- es sanar a los enfermos, y si no existe remedio, lo mejor es que mueran.

Ya cursaba el último año de estudios cuando, cumpliendo sus deberes fuera del hospital, asistió en un barrio humilde de la ciudad al alumbramiento de una inmigrante alemana. Era el décimo chiquillo que la mujer traía al mundo y había nacido con una pierna bastante más corta que la otra. La fuerza de la costumbre hizo al médico soplar en la boca de la criaturita para iniciar la respiración, pero un momento después pensó:

—¡Qué demonios! Está condenado a caminar toda la vida con su desdichada pierna. Los otros chicos le llamarán Pata-corta. ¿Para qué hacerle vivir? El mundo no lo necesita para nada.

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2º Domingo del T.O. (B) (14 enero 2018)

llamada san pedro 

1 Cor 6: 17-20

¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?

La segunda lectura del día de hoy nos habla de un pecado muy grave pero que hoy día se ha hecho tan común que prácticamente nadie se confiesa de Él. San Pablo nos habla de la gravedad de la fornicación y al mismo tiempo nos da las razones por las cuales no debemos cometer ese pecado: ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?

Jn 1: 35-42

Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?» Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra".

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¿Por qué hay que casarse como Dios manda?

novio pone anillo a novia

Cuando un hombre es cristiano, un señor, y un caballero noble y responsable, jamás juega con el destino de una mujer ni con el futuro de los hijos que van a traer a la vida.  Su fe, su propia valía, el amor sincero hacia ella y el respeto hacia ellos, le lleva a buscar el matrimonio; o sea, el único modo de comprometerse para siempre, a fin de darles seguridad y consagrarse de por vida a la búsqueda de la felicidad de ellos, renunciando a toda posibilidad de aventura mundana.

Pero cuando un hombre huye del matrimonio, no quiere dar garantías, quiere disfrutar de una mujer pero dándole largas a un compromiso para siempre. Ese tal, es un individuo de mucho cuidado porque es un egoísta, un caprichoso, un inmaduro y un machista. Ese hombre no quiere asumir un compromiso de por vida porque es incapaz de amar como aman los hombres de verdad.

Un hombre digno, un varón de verdad, respetable y respetuoso, comprende que él no puede hacer con su mujer, lo que no le gustaría que el novio de su hija hiciera a su hija; a quien le diría:

“Caballero, mi hija no es ‘descartable’, no es como una servilleta de papel, que se usa y se abandona. Caballero, Ud., además, debe respetar mi hogar. Somos una familia con principios y valores; Ud. no encontró a mi hija en la calle. Ella forma parte de un hogar, y tiene unos padres con valores y principios, que en modo alguno están dispuestos a lo que Ud. pretende: convivir con una mujer sin ningún compromiso serio, sin estar bien casado con ella. Además, si Ud. no es capaz de comprometerse hoy ante el Altar con nuestra hija, en lo futuro, luego de haberla ‘usado’ a su gusto y llenado de hijos, nos la deja, y se va con otra. Señor, aclárese. O Ud. se casa con nuestra hija como Dios manda, o ya sabe dónde está la puerta de salida de nuestra casa…”.

Si esto es verdad con la hija de ese hombre, si él fuera el padre,  entonces, ¿por qué motivo noble puede ese hombre no querer unirse para siempre con la mujer con la que va a vivir, si no vive ya; y va a tener hijos, si no los tiene ya? ¿Por qué no desea recibir la Bendición del Sacramento?

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