Cuentos con moraleja: "La mejor maestra"

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El presente cuento es un homenaje a ese profesor “especial” que probablemente todos hayamos tenido en nuestra vida, y que gracias a su ejemplo y buen hacer, marcó la diferencia en nuestro aprendizaje y ahora permanece para siempre en nuestro recuerdo.

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Su nombre era señorita Thompson, maestra del pueblecito de Saint Gabriel (Louisiana) a orillas del Mississippi. Mientras estuvo al frente de su clase de quinto, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentirijilla. Como la mayor parte de los profesores, ella, mirando a sus alumnos les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño de once años llamado Teddy Stoddard.

La señorita Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que él no jugaba con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y la higiene corporal no era una de sus principales virtudes. Teddy comenzaba a ser desagradable. Llegó el momento en que la señorita Thompson disfrutaba marcando los trabajos de Teddy haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.

En la escuela donde la señorita Thompson enseñaba, cada profesor debía conocer el historial de cada niño, pero ella había dejado el expediente de Teddy para el final, pues a decir verdad, la actitud de este niño en la clase, hacía que fuera especialmente difícil su trato.

Cuando revisó su expediente se llevó una gran sorpresa. La profesora de primer curso escribió:

“Teddy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales… es un placer tenerlo cerca”.

Su profesora de segundo añadió:

“Teddy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil”.

El profesor de tercero escribió:

“Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El niño trata de hacer un esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas”.

Su profesora de cuarto anotó:

“Teddy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase”.

Ahora la señorita Thompson se había dado cuenta del problema de Teddy y estaba muy avergonzada. Y comenzó a sentirse todavía peor cuando, con motivo de la Navidad, sus alumnos le llevaron regalos envueltos con preciosos lazos y papel brillante; todos excepto Teddy. Su regalo estaba mal envuelto en una bolsa de papel del supermercado.

La señorita Thompson fue abriendo lentamente los regalos de los niños ante la expectación y el aplauso de todos. Llegó el momento de abrir el regalo de Teddy. A la señorita Thompson le dio pánico abrir ese regalo delante de los otros niños allí presentes; pero ante la curiosidad de los niños, no le quedó más remedio hacerlo. Al abrirlo, la gran mayoría de los niños dieron una gran risotada. Mal envuelto en papel de estraza encontró una vieja pulsera y un frasco de perfume que ya estaba empezado. Ella intentó detener las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.

Acabadas las clases de ese día, Teddy se quedó un momento para decirle a la maestra:

—Señorita Thompson, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá.

Después de que el niño se fue, ella lloró por lo menos una hora. La impresión que le produjo el regalo del niño, unido a sus palabras, le marcaron para el resto de su vida.

Desde ese día, ella dejó de ser una mera profesora de las diferentes asignaturas, para tomarse más en serio la educación de Teddy, y en general de esos niños, que año tras año la Providencia ponía bajo su cuidado.

Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía mejor. Al final del ciclo escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y más consentido de la maestra.

Un año después, encontró una nota debajo de su puerta, era de Teddy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Seis años después por las mismas fechas, recibió otra nota de Teddy, ahora escribía diciéndole que había terminado la High School siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Bastantes años después, le escribió otra carta en la que le anunciaba que había acabado la carrera de medicina. En ella le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita.

La historia no termina aquí, existe una carta más que leer. Teddy le decía en ella que había conocido a una chica con la cual iba a casarse. Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a la señorita Thompson si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio. Por supuesto que la señorita Thompson aceptó y adivinen…

El día de la boda ella llegó vestida de madrina usando la vieja pulsera y el perfume que Teddy le había regalado muchos años atrás una Navidad. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Stoddard le susurró al oído:

—Gracias señorita Thompson por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo podía superar la diferencia.

La señorita Thompson con lágrimas en los ojos, respiró profundo y dijo:

—Teddy, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo podía superar la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí a ti.

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Alegra el corazón de alguien hoy… y recuerda que adonde quiera que vayas y hagas lo que hagas, tendrás la oportunidad de cambiar los sentimientos de alguien. Trata de hacerlo de forma positiva; y recuerda siempre:

“Los amigos son ángeles que nos levantan cuando nuestras alas tienen problemas para recordar cómo volar”.

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