Del cristianismo anónimo a la destrucción de nuestra fe (Sac. 2.7)

francisco en un encuentro interreligioso

Para acabar con nuestro estudio sobre el sacramento del Bautismo, haremos un breve análisis de la teología del “supuestamente pensador católico”, Karl Rahner, y de modo más particular, de su teoría de los Cristianos Anónimos.

Aunque de suyo es un tema que se podría haber situado en algún otro apartado, lo estudiamos ahora por el tremendo daño que ha causado en la teología sacramental, en la teología en general, en la labor misionera de la Iglesia y en general, en la vida de fe de los católicos, desde la alta jerarquía hasta el católico de a pie después del Vaticano II.

Con el fin de entender mejor el contenido y el alcance de la misma, veremos en un principio los puntos fundamentales del pensamiento de su autor, para luego analizar su contenido y concluir con los efectos negativos que la misma está causando.

Dada la complejidad del pensamiento de K. Rahner, no se extrañe si en la lectura del artículo no entiende nada. Si ese fuera el caso, le aconsejo que lea primero las conclusiones finales; ellas le aportarán luz y claridad para entender algo del pensamiento de este sacerdote que, aunque extremadamente inteligente - debido a su formación filosófica y teológica tan lejos de los principios cristianos tradicionales- no hizo otra cosa que establecer las bases de lo que a lo largo de los últimos sesenta años, los pensadores modernistas (que dirigen la teología y la marcha de la Iglesia actual) han usado para destruir la Iglesia.

Síntesis de la vida y pensamiento de Karl Rahner

Jesuita y teólogo alemán (1904-1984). Ordenado en 1932. Cursó Filosofía en el noviciado de Pullach (1924-27) donde estudió detenidamente a Kant y al neoescolástico Maréchal y Teología en Valkenburg de 1929 a 1933, fecha en que marcha a Friburgo para doctorarse en Filosofía bajo la dirección de M. Honecker. La tesis sobre la metafísica tomista del conocimiento fue rechazada por Honecker al encontrarla desviada de Santo Tomás. Su maestro en Friburgo había sido en realidad Heidegger, cuya influencia, junto a la de Kant y Maréchal, fue primordial en el pensamiento de Rahner. En 1936 se doctora en Teología en Innsbruck, y desde 1937 enseña allí Teología Dogmática. En 1964 pasa a la Universidad de Munich, y en 1967 a la cátedra de Dogmática de Münster, donde se jubiló en 1972. De la Comisión Teológica Internacional dimitió en junio de 1973. Murió en 1984.

La obra de Rahner abarca más de 800 títulos, la mayoría artículos y ensayos. Su filosofía se centra en la teoría del conocimiento, la antropología filosófica y la filosofía de la religión. Lo fundamental de su teología está recogido en los “Escritos de Teología” (9 vol.) y en “Naturaleza y gracia”. Rahner promovió también obras en colaboración, como: la enciclopedia teológica Sacramentum mundi; el manual teológico Mysterium Salutis, y fue miembro de la dirección de la revista Concilium.

  1. Sus postulados teológicos

Es difícil exponer la doctrina de Rahner, ya que, aunque se ha ocupado de la casi totalidad de los problemas teológicos, no ha escrito una obra sistemática. Se caracteriza por la capacidad analítica y su actitud crítica frente a las formulaciones clásicas recibidas. Es típico de sus obras enunciar muchos de los problemas que ve, realizar multitud de interrogantes sobre los mismos, pero luego, no ofrecer ningún tipo de respuesta.

Se puede decir que Rahner reduce la teología a la antropología, aunque él personalmente nunca lo admitiría. Según él mismo afirma: “el hombre está existencialmente constituido de tal manera que hablar de él es ya de algún modo hablar de Dios”. Dos son los presupuestos de esa afirmación:

  • El hombre es espíritu que en el choque con el mundo toma conciencia de su apertura al infinito (Dios).
  • La doctrina del "existencial sobrenatural". Según la cual todo hombre venido a este mundo ya tiene una potencia real que lo abre a la visión beatífica y a la vida eterna.

Toda la obra de Rahner ha consistido en la aplicación de esos postulados a las más variadas cuestiones teológicas, desde el tratado sobre Dios a temas ascéticos y pastorales, pasando por la cristología, eclesiología, su teología sacramentaria, etc.

  1. Valoración de su pensamiento

El programa teológico de Rahner ha suscitado gran eco y dado lugar a amplias polémicas. Algunos, han querido ver en ese programa las bases para la gran renovación teológica de nuestra época; otros en cambio, han presentado numerosas y fundadas críticas al mismo.

Se ha señalado que la filiación kantiana, hegeliana y heideggeriana del pensamiento de Rahner hace que las soluciones propuestas sean imposibles de compaginar con las verdades reveladas y defendidas por el Magisterio de siempre.[1]

El estilo y modo de exponer polémico de Rahner acaba esterilizando su pensamiento. Ese riesgo es tanto más grave cuanto que lo acompaña con un dura crítica -y, muchas en ocasiones, injusta- de la tradición cristiana y de la teología precedente.

Además, debido a su “pluralismo teológico” cae en un relativismo dogmático. Es significativo que, en diversos escritos, sobre todo a partir de 1965, haya negado que el Magisterio actual pueda proponer un símbolo de fe que sea obligatorio para toda la Iglesia. En el fondo de su posición late, no sólo su intención explícita de reformar toda la teología, sino también un profundo agnosticismo.

La ambigüedad de muchas páginas de Rahner en las que la exposición de los contenidos de la fe cristiana -a los que declara explícitamente su adhesión[2]- está acompañada de explicaciones que los desfiguran. Los puntos afectados abarcan prácticamente todos los campos de la teología. A modo de ejemplo les enumero ahora algunos de ellos:

  • En cristología es equivocada la explicación que hace de la libertad de la Encarnación y de la unidad de persona de Cristo.
  • En eclesiología es errónea la consideración de que la Iglesia no es realmente necesaria para la salvación.
  • En antropología cristiana son insatisfactorias sus explicaciones sobre la libertad, el pecado y la gratuidad de lo sobrenatural. Si dice que todo hombre, en virtud de la encarnación, nace con una configuración ontológica con Cristo, ¿dónde queda entonces, la doctrina del pecado original?
  • En teología sacramentaria, la exposición que hace de la institución por Cristo de los sacramentos y de la causalidad sacramental, están totalmente desviadas de la enseñadas por el Magisterio de siempre.
  • En teología moral postula una radical identidad entre el amor a Dios y al prójimo, en virtud de la cual los actos propiamente religiosos de culto a Dios son secundarios; etc.

La raíz última de todo ello se encuentra –a pesar de que él lo niegue- en la reducción de la teología a la antropología. Es una antropología de cariz agnóstico, ya que según ella el hombre se realiza en la coherencia con su propio pensamiento. En el fondo, todo empieza y acaba en el mismo hombre. De ahí que la referencia a Dios tienda a convertirse en mera superestructura yuxtapuesta a una visión del hombre puramente inmanentista. Rahner mismo advierte esa deficiencia de su pensamiento, y, para intentar corregirlo, acude a las teorías sobre la percepción previa del ser y lo existencial sobrenatural; pero eso no es solución, ya que esas teorías inciden en un ontologismo, postulan una exigencia natural de la Revelación y oscurecen la distinción entre natural y sobrenatural, siendo, por tanto, incapaces de superar el naturalismo a que tiende todo su sistema de pensamiento. Llega a decir que en todo hombre hay un existencial sobrenatural que consiste en que Cristo con su Encarnación ha justificado ya al hombre pecador delante del Dios santo.

El influjo ejercido por las teorías de Rahner ha sido una de las causas de la perplejidad doctrinal que hoy domina en gran parte de la Iglesia.

  1. El Cristianismo Anónimo

Todo ello se manifiesta con especial claridad en una de las tesis más conocidas de Rahner: el cristianismo anónimo.

Un tema que le atrae una y otra vez, es el de las relaciones entre naturaleza y gracia. Insiste con frecuencia en el aspecto existencial y personal de la obra salvífica de Dios, frente a lo que llama el aspecto óntico y estático.

Para estudiar lo sobrenatural, parte del hombre, de la antropología. Está convencido de que lo sobrenatural se hace notar en la experiencia humana. Según Rahner, Dios está presente en la experiencia de todo hombre como “el hacia—donde, escondido en sí mismo y asintótico, de la experiencia de una dinamicidad ilimitada del espíritu cognoscente y de la libertad”[3].

Rahner se basa en la voluntad salvífica y universal de Dios, en virtud de la cual Dios da a todo hombre su gracia y la elevación a lo sobrenatural. Niega la posibilidad de la naturaleza pura, ya que, según él, el hombre tiene una ordenación natural a la gracia. Esa vida sobrenatural, vivida anónimamente por todo hombre, se hace temática gracias a la predicación evangélica. El pagano sería aquella persona que ya se mueve, aunque sea inconscientemente, hacia la salvación; podríamos decir que es un cristiano anónimo.

Considera toda la vida del hombre, en el orden práctico de la salvación, como continuamente informada por la gracia. Pueden leerse enunciados como el siguiente: “El hombre vive conscientemente, aun cuando no lo sabe y no lo cree... continuamente delante del Dios trinitario de la vida eterna”.

Llega a decir que “cuando alguien, en la callada honradez de cada día, se acepta a sí mismo, ha aceptado de forma implícita la revelación cristiana… Lo cual no lleva a aceptar explícitamente a Dios… Creyente es aquél que, aunque diga en su corazón ‘no hay Dios’ da testimonio de Él mediante su radical aceptación de la existencia”.

Así pues, para Rahner, el mensaje de la fe no pone al hombre en contacto por primera vez con la llamada sobrenatural de Dios, sino más bien consigue hacer reflejo lo que antes estaba ya presente. Así, existe un cristianismo explícito y otro anónimo. El no cristiano es el cristiano que todavía no se ha encontrado a sí mismo. El cristianismo no es más que “el haberse-encontrado-a-sí-mismo”.

La única diferencia esencial entre cristianos y no cristianos está, según el autor, en el hecho de que aquellos han llegado a una conciencia refleja de lo que son. La incorporación al cristianismo no es más que una especie de auto-conocimiento. El cristianismo es, pues, un mero caso especial de la historia universal de la salvación y de la revelación. Para el inventor de los cristianos anónimos, ser cristiano se convierte, en términos de esta teoría, en una “más alta fase de evolución” del cristianismo anteriormente ya poseído.

Rahner afirma que la misma existencia del hombre ya es sobrenatural, de tal forma que toda vida humana, incluso la del ateo, está informada por la gracia. Sostiene que el hombre puede alcanzar la plena humanización sin necesidad de un conocimiento explícito de Dios, basándose en la percepción previa que todo hombre tiene de la infinitud del ser y de su propia trascendencia. La Revelación lo único que hace es explicitar e interpretar lo que ya estaba presente, aunque de modo anónimo, en toda existencia humana auténtica.

Rahner se muestra cada vez más seguro en sus afirmaciones sobre el estado de gracia del no cristiano. A veces parece estar más convencido de la existencia de cristianos anónimos que de la existencia de cristianos auténticos[4]. Para él, podemos concluir que los términos “hombre” y “cristiano” son sinónimos. En realidad, identifica el pueblo de Dios con la humanidad entera; y con ello lo que hace es anular la esencia y existencia de la Iglesia.

Lo que proclama el autor no es más que la salvación sin Evangelio. Es también una aberración grave considerar las religiones pre o extracristianas como formas de la ley divina queridas por Dios. Siguiendo esta teoría, incluso habría que deplorar en el fondo el haberse hecho cristiano explícito, dado que los cristianos anónimos, en cierta manera, encuentran menos dificultades.

Relativiza el catolicismo cuando augura que la fidelidad a la propia conciencia, más allá de cualquier religión, es camino seguro para la salvación. Con el concepto de “cristianismo anónimo”, quiere significar que cada uno ha de vivir de acuerdo con su conciencia, sin importar si es ateo o si pertenece a una religión; de tal modo que si es fiel a su conciencia puede lograr así la vida eterna. [5] Rahner es en el fondo, aunque él no lo reconozca, un idealista y un agnóstico; lo cual es totalmente irreconciliable con la fe cristiana.

El influjo del pensamiento de Rahner en nuestros días

La teología de Rahner ha tenido un efecto realmente demoledor sobre la fe y la práctica religiosa de los católicos del postconcilio. Se puede decir que su modo de pensar, y su posterior evolución a través de sus discípulos y seguidores, han sido decisivos en el camino seguido por la Iglesia oficial durante los últimos años sesenta años. Palabras y conceptos que son hoy usados por todo el mundo como: mi verdad, diálogo, historicidad, etc…, se han impuesto al lenguaje teológico clásico. El caos y la anarquía reinantes en la Iglesia postvaticana se deben, en no pequeña parte, al seguimiento de las doctrinas de este autor.

En consecuencia, a la hora de formarse un juicio global de la obra de Karl Rahner, no se puede menos que decir que sus efectos han sido nefastos y que es corresponsable en gran parte de la decadencia que hoy sufre la Iglesia. Mucho de lo que ha sido enseñado por él ha llevado a la aberración. Una teología que se conforma según las “necesidades” del hombre moderno, que justifica todo y encuentra disculpas para todo.

Veamos algunas áreas en las que la teología de Rahner o de sus seguidores ha influido en la teología y en la fe de los fieles católicos después del Vaticano II:

En teología fundamental: La teología como tal queda reducida a una antropología. Cada hombre tiene su propia verdad, por lo que no se puede imponer la verdad a nadie. Como diría von Balthasar: “la verdad es sinfónica”. Con ello se acaba, entre otras cosas, con el Magisterio de la Iglesia y se relativizan los dogmas.

En cristología: Cristo ya no es el único mediador entre Dios y los hombres, pues hay muchos otros modos de alcanzar a Dios sin necesidad de acudir a Cristo. Es por ello que Cristo deja de ser “El Salvador”. Por otro lado, queda potenciada su dimensión humana en contra de su divinidad; los milagros caen en el entredicho. La unión hipostática deja de tener sentido. Su divinidad queda desdibujada. No se puede entender la resurrección de Cristo como una resurrección corporal sino como la victoria de la gracia sobre el mundo. Según el mismo Rahner dice: la resurrección de Cristo ha de ser entendida como la vivencia de la fe transmitida por sus apóstoles. Todo ello acaba por destruir la figura de Cristo tal como siempre la entendió y predicó la Iglesia.

En eclesiología: Rahner es el principal promotor del pluralismo doctrinal dentro de la Iglesia; ha propagado un ecumenismo hasta el extremo. Ya no tiene sentido hablar del “fuera de la Iglesia no hay salvación” pues todo hombre ya está salvado, incluso el ateo. Todas las confesiones tienen el mismo valor a la hora de alcanzar la salvación, ya que lo que ellas hacen no es otra cosa que explicitar lo que el hombre ya lleva dentro, pero en ningún momento son fuentes de gracia. Dentro de estos parámetros se encuadra el concepto de “libertad religiosa” tan pregonado en el Vaticano II. Con ello se le da la puntilla a la Iglesia católica como la única verdadera y a la labor misionera de la Iglesia[6].

En teología de la gracia y teología sacramental: Los sacramentos, como medios instituidos por Jesucristo para darnos la gracia ya no son exclusivos, pues la gracia se puede alcanzar de muchos otros modos, incluso aunque uno esté de espaldas a Cristo. El hombre ya tiene la gracia por el mero hecho de ser hombre por lo que se puede acercar a los sacramentos sin tener que revisar el estado de su alma. Con todo ello, se pierde el significado de la gracia y el valor de los sacramentos. Las derivaciones de esto las estamos viendo hoy día en la fe y en la práctica del pueblo cristiano e incluso en las opiniones manifestadas por gran número de miembros de la jerarquía sobre la posibilidad, por ejemplo, de recibir la Eucaristía viviendo en adulterio.

En escatología y teología moral: El pecado pierde su sentido de ofensa a Dios y se convierte más bien en una ofensa al hombre. Es por ello que el pecado no merece el castigo de Dios, ni te quita la gracia. Y puesto que el hombre ya está salvado y además, Dios es misericordioso, nunca podrá castigar a nadie con las penas eternas del infierno. Es más, el infierno, en el supuesto de que existiera estaría vacío. Lo cual ha llevado a que se pierda el sentido del pecado, y como consecuencia, también el de virtud; y por derivación, también la fe en el cielo, en el infierno y en la vida del más allá. Algunos de los discípulos de Rahner ha llegado incluso a decir que el cielo no es sino “el recuerdo que Dios tiene de las almas justas”.

En liturgia: Su teología marcadamente antropocéntrica han sido la causa de la decadencia de la práctica religiosa ya que el hombre no ha de mirar a Dios sino a sí mismo. La Santa Misa deja de ser la actualización del sacrificio de Jesucristo en la cruz para transformarse en un momento de encuentro fraternal. Deja de tener sentido dirigirse a Dios en oración, pues lo importante es estar en paz con los hermanos. Al perderse el sentido trascendental o ascendente de la liturgia (la adoración a Dios), todo ha quedado reducido a pura horizontalidad. Lo que ha llevado a que las iglesias se vacíen, el culto haya perdido el sentido de adoración a Dios, los templos hayan perdido la sacralidad y el católico asista a ellos, no tanto para encontrar a Dios sino para cumplir un precepto, para encontrar una paz puramente sicológica o para compartir con los hermanos. Una manifestación clara de ello es la Misa del novus ordo, donde se han vuelto los altares hacia el pueblo, dando la espalda a Dios.

Valoración final

Frente a todo esto, J. A. Sayés, en su libro “La esencia del cristianismo. Diálogo con K. Rahner y H.U. von Balthasar” concluye:

Cristiano es solamente aquél que, incorporado a Cristo por el Bautismo, lo confiesa como Hijo de Dios Salvador… Nadie niega que la salvación de Cristo pueda llegar a los paganos; pero no aceptamos nunca que son cristianos, mientras no lo confiesen como Hijo de Dios y se incorporen a Él por el Bautismo”[7]

Tal como nos dice el Padre Gálvez:

“Karl Rahner fue el personaje más influyente en las deliberaciones y desarrollo del Concilio Vaticano II. Sus intrigas doctrinales, antes del Cónclave y durante él, son imposibles de ocultar en cuanto que existe documentación histórica. Karl Rahner fue el profeta de la duda. Si hubiera que redactar un brevísimo resumen de su obra habría que decir que consistió sobre todo en cuestionar todos los principales dogmas del catolicismo. Incluso hoy día, muchos años después de acabado el Concilio, Karl Rahner, además de ser el Gran Patriarca y Definidor de toda la Teología Católica, es también, precisamente por eso, el principal responsable de la difusión del neomodernismo en la Iglesia actual”.[8]


[1] Les pongo un ejemplo para que lo puedan entender mejor: Supongamos que una persona se pone unas gafas de una graduación incorrecta e intenta describirnos la realidad que le circunda, la información que nos dé será totalmente deforme, pues los datos que está analizando su mente están deformados por sus gafas, y como consecuencia, las explicaciones que nos dé serán también deformes. Si un filósofo o teólogo tiene como punto de partida una filosofía y una teología que ya son deformes, las conclusiones también lo serán.

[2] Es típico de él, como también lo es de muchos modernistas y hombres de Iglesia, decir que son fieles a la Tradición y, por otro lado, la niegan en la afirmación siguiente.

[3] Me imagino que no habrá entendido nada. No se preocupe, esa es la forma de escribir de Rahner.

[4] Quizás sea ésta la razón por la cual el papa Francisco se sienta más cómodo con los “no cristianos”.

[5] Es importante distinguir la teoría de Rahner de la doctrina clásica sobre el Bautismo de deseo y la incorporación invisible a la Iglesia. Esta doctrina enseña, en efecto, que el hombre que, sin conocer el cristianismo, se esfuerza por cumplir la voluntad divina tal y como de hecho le es conocida, puede tener el deseo implícito del Bautismo y, por tanto, estar unido a la Iglesia; presupone, pues, que el hombre está ordenado a conocer a Dios y en ello alcanza la plenitud de su ser.

[6] Esto nos ayudará a “entender” el modo de pensar del papa Francisco y su rechazo a la labor misionera de la Iglesia y la conversión de los paganos al catolicismo.

[7] Sayés, J.A., La esencia del cristianismo. Diálogo con K. Rahner y H. U. von Balthasar, Ed. Cristiandad, Madrid, 2005, p. 140.

[8] A. Gálvez, Esperando a Don Quijote, New Jersey, Shoreless lake Press, 2007, pág. 437.

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