pedregal1109_(2).jpg

I Domingo de Adviento (A) (27 noviembre 2016)

our lady of the sign C

Mt 24:37-44

 

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Porque como en los días de Noé, así será la aparición del Hijo del hombre. En los días que precedieron al diluvio comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca; y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrebató a todos; así será a la venida del Hijo del hombre. Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y otro será dejado. Dos molerán en la muela: una será tomada y otra será dejada.

Velad, pues, porque no sabéis cuándo llegará vuestro Señor. Pensad bien que, si el padre de familia supiera en qué vigilia vendría el ladrón, velaría y no permitiría horadar su casa. Por eso vosotros habéis de estar preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre”.

De vez en cuando oímos en las noticias: “Una larga cola de personas han estado esperando toda la noche a las puertas de la tienda… para ser los primeros en comprar…”. El hombre es capaz de hacer sacrificios para conseguir lo que espera y desea. Esa espera es causa de una ansiedad gozosa que le provoca todavía mayores deseos. Y algo similar, o incluso todavía mayor ocurre, cuando lo que esperamos es una persona a quien amamos.

El Adviento, para un cristiano, es ese tiempo de espera gozosa y sacrificada por la llegada del Mesías anunciado. Durante cuatro semanas la iglesia nos va anunciando de diversos modos que Cristo viene. Vino ya a la tierra cuando se encarnó en el seno de la Virgen María, y también lo esperamos cuando venga por segunda vez, como Cristo glorioso al final de los tiempos.

Ahora bien, para que ese gozo ardiente no se apague, tenemos que prepararnos seriamente. Lo primero que tenemos que hacer es “limpiar” nuestra casa; pues Cristo va a venir para morar en ella. Es decir, tenemos que confesarnos. ¿Por qué tiene el cristiano de hoy tanto reparo en confesarse? Sí es verdad que se pasa vergüenza, pero es un trámite necesario si de verdad esperamos a Cristo. Y una vez que tenemos limpio el corazón es convieniente leer los pasajes de la Biblia que nos hablan de la venida de Cristo, rezar más, hacer sacrificios y obras de caridad...

Desgraciadamente cada vez es más frecuente comprobar que el cristiano ha perdido esa alegría gozosa por la llegada de Jesús; ha perdido el sentido del Adviento y ha transformado la Navidad en un conjunto celebraciones y fiestas puramente humanas donde no hay lugar para la fe.

Que no nos ocurra eso a nosotros. Que desde el primer momento intensifiquemos nuestra vida espiritual, limpiemos nuestra alma… y así cuando llegue la Navidad estaremos totalmente preparados para recibir a Cristo en nuestro corazón y en nuestra casa.

 

Imprimir Email