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XIV Domingo del T.O. (A) (9 julio 2017)

Venid-a-Mi

Mt 11: 25-30

25"En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.26Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.27Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.28«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.29Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.30Porque mi yugo es suave y mi carga ligera."

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños”

Sólo si somos humildes "entenderemos" y aceptaremos las verdades de nuestra fe sin problema alguno. Pero si somos “sabios” y le preguntamos a Dios que nos dé explicaciones sobre las verdades reveladas, para entonces aceptarlas, es cuando no entenderemos nada. La fe exige primeramente la confianza en Dios. Y Dios nos ha dado pruebas suficientes para confiar en Él.

“Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

¡Qué bellas son estas palabras y esta promesa de Jesús! ¿En cuántas ocasiones hemos intentado buscar la paz y la alegría lejos de Jesús? Sólo Jesús nos puede dar la paz; pero previamente tenemos que ir hacia Él.

“Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.”

No intentemos huir de nuestras cruces. Es mejor cargarlas y llevarlas como Jesús nos enseñó.

Así pues, intentemos:

Ser humildes y sencillos para conocer mejor a Dios.

Acercarnos a Él para encontrar el descanso de nuestras almas.

Cargar diariamente nuestra cruz con paz, alegría y generosidad.

Si así lo hacemos, encontraremos la felicidad en este mundo, y luego, la alegría del cielo para toda la eternidad.

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