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XV Domingo del T.O. (A) (16 julio 2017)

parabola del sembrador

La Parábola del Sembrador
(Mt 13: 1-23)

La Parábola del Sembrador aparece en tres de los Evangelios: San Mateo, San Marcos y San Lucas. En los tres evangelios, sus escritores inspirados por el Espíritu Santo presentan la parábola y su interpretación como fue dada por el Señor Jesús.

 Un sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla:

  • Una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron.
  • Otra parte cayó sobre la roca, y tan pronto como creció, se secó, porque no tenía humedad.
  • Otra parte cayó en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron.
  • Y otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno.
  • Necesitamos tener un corazón recto y bueno para poder dar mucho fruto.
  • El que tiene este tipo de corazón persevera en la doctrina de Cristo especialmente cuando vienen los conflictos.
  • Un corazón bueno es aquel que no cede ante las tentaciones y que no cambia de opinión cuando vienen los problemas.
  • Los verdaderos creyentes deben examinarse cada día, para evitar que sus corazones se contaminen, y así poder crecer y dar el fruto que Dios espera.

¿Quién es el sembrador? El sembrador es Dios. La semilla es la palabra de Dios. Sembrar la palabra es predicar las enseñanzas del Señor. La tierra somos nosotros, aquellos sobre quienes cae la semilla sembrada por Dios esperando que crezca y dé fruto.

Según la parábola, cuando se siembra la semilla, esta puede caer en cuatro tipos de suelos: junto al camino, sobre la roca, en medio de los espinos y en tierra buena.

Primero: Junto al Camino

La que es sembrada junto al camino, es pisoteada y las aves del cielo se la comen. Sembrar cerca del camino equivale a oír (escuchar) la Palabra. En otras palabras, estas son las personas que escuchan la palabra, pero no hay lugar en su corazón – se queda fuera en la superficie. El corazón de estas personas está completamente endurecido. Son duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, resisten al Espíritu Santo [Hechos 7:51].

Estas personas oyen con dificultad porque su corazón es malo. No logran entender la palabra. Como consecuencia de sus actitudes, el diablo arrebata la palabra de sus corazones para que no crean y se salven. El evangelista San Marcos dice que el diablo les arrebata la palabra al instante. Esto sucede así porque sus corazones están completamente endurecidos. Estas personas terminan con el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón (Efesios 4:18). El corazón de estas personas está engrosado, oyen pesadamente, sus oídos están tapados; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane (Hechos 28:27).

Segundo: Sobre Roca

La que fue sembrada sobre la roca, tan pronto creció, se secó, porque no tenía humedad, ni tierra de dónde sacar los nutrientes. En ocasiones, sobre las rocas hay capas delgadas de tierra en donde una semilla puede empezar a crecer, pero no dará nunca fruto.

Estos son más nobles que los anteriores, puesto que no solamente oyen la palabra sino que además la reciben con gozo. El problema de estos es que sólo “creen por un tiempo“, son de muy corta duración. Tan pronto vienen las dificultades o las tentaciones abandonan el Evangelio. El Señor Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad yo he vencido al mundo”.

Los conflictos y las tentaciones no son obstáculos para el crecimiento del verdadero creyente, al contrario, son el mecanismo a través del cual maduran; guiados y fortalecidos por el Espíritu Santo. Esta semilla se quedó a nivel de la superficie del corazón, no entró al corazón del creyente (no tenía raíces profundas). Las raíces profundas son sinónimo de árboles saludables y fuertes.

Tercero: Entre los Espinos

Los espinos crecieron junto con la semilla y la ahogaron. En este caso la semilla crece junto a otras formas de pensamiento y actitudes que eventualmente la ahogarán, no la dejan que entre al corazón y eche raíces. En este creyente, la yerba mala crece junto a la semilla. ¿Cuáles son estos espinos? Las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida.

Las preocupaciones del mundo: ¿qué habremos de comer?, ¿qué habremos de vestir?, ¿qué dirán de nosotros?, ¿cuál será nuestro futuro? El Señor Jesús indicó claramente que no nos preocupásemos por estas cosas. Nos enseñó que Él mismo se encargaría de cubrir todas nuestras necesidades.

El engaño de las riquezas: pensar que la seguridad, la estabilidad y la felicidad se alcanzan a través de la riqueza material. Cuando una persona ama el dinero, su corazón no es recto, está dispuesto a hacer cualquier cosa por aumentar su riqueza material, y eso le alejará de Dios.

Los placeres de la vida. Solo quieren disfrutar de las cosas que el mundo les ofrece, y como consecuencia se olvidan de Dios, de ser sacrificados y generosos.

Cuarto: En Buena Tierra

La que fue sembrada en la tierra buena, creció y produjo una cosecha a ciento por uno, otra a sesenta y otra a treinta. Este es el verdadero creyente. ¿Qué caracteriza a un verdadero creyente?: da fruto. El árbol es conocido por sus frutos.

Para llegar a dar mucho fruto el corazón del creyente tiene que ser recto y bueno.

¿Qué nos enseña el Señor Jesús en esta parábola?

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