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XVIII domingo del T.O. (A) (6 de agosto de 2017) + AUDIO

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Milagro de la multiplicación de los panes y los peces
(San Mateo 14: 13-21)

El relato evangélico de la multiplicación de los panes y los peces en S. Mateo comienza con la reacción de Jesús cuando se enteró que Juan Bautista había sido decapitado por Herodes: “Jesús se alejó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado”.

El Señor estaba triste y conmovido por la muerte de su primo Juan, quería estar solo y meditar.

“Pero cuando llegó a la otra orilla, una multitud se reunió junto a Él y sus discípulos”.

El Señor se olvidó de sí mismo para ocuparse de cuantos habían acudido a Él. Curó a los enfermos y se compadeció de todos.

Ante el sufrimiento y la necesidad de los demás, tenemos que hacer como Jesús: olvidarnos de nuestros problemas y atender a quien nos necesite.

Llegada la tarde los discípulos le dijeron a Jesús: “despide a la muchedumbre para que vayan a las aldeas y compren alimentos”

Los discípulos al ver a tanta gente que no había comido, optaron por la solución más fácil para ellos. “Que se vayan a las aldeas y compren comida”. Esta actitud de los discípulos es muy frecuente; en lugar de afrontar los problemas e intentar darle una solución, quitarse el problema de encima.

En cambio Jesús hace frente al problema: “Dadles vosotros de comer”.

Ante esta petición de Jesús los discípulos se vieron totalmente incapaces: “sólo tenemos cinco panes y dos peces”.

Les faltó fe. Si Jesús les había dicho que les dieran de comer es porque estaba en su mano poderlo hacer. ¡Cuántas cosas nos pide Jesús que hagamos, pero por no nuestra falta de fe no se hacen!

Jesús entonces se enfrentó con el problema para darle solución. Podía haber buscado la solución fácil de mandar a las gentes a las aldeas y que se buscaran ellos mismo la comida. Ese no era el modo de proceder de Jesús. Su amor y su misericordia ante el sufrimiento y la necesidad de los hombres le “obligaba” a darle Él mismo una solución.

Pidió a sus discípulos que le trajeran los panes y los peces. Luego indicó a la gente recostarse y prepararse para la comida. Tomó los panes y los peces y orando, los bendijo, los partió y los dio a sus discípulos para que los distribuyeran a la muchedumbre reunida.

“Comieron todos y se saciaron, y recogieron los fragmentos sobrantes doce cestos llenos…”.

Así pues, en este evangelio vemos reflejados el amor de Jesús, su tierno corazón, su misericordia; al mismo tiempo que su poder de hacer milagros y saciar el “corazón hambriento del hombre”. Vemos también la falta de fe de sus discípulos; pero cuando estos hacen lo que el Señor les dice y ponen en manos del Señor lo que Él les pide, pueden atender “la necesidad” de todos y cumplir el mandato del Señor. 

AUDIO DE LA HOMILÍA GRABADA EL 5 DE AGOSTO DE 2017

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