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¿Cómo sé si la Misa a la que asisto es válida?

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Hace unos días recibí un correo de una persona en el que se me hacía una pregunta que probablemente se hayan hecho ustedes en alguna ocasión: ¿Cómo sé si la Misa a la que asisto es realmente Misa? Dicho con términos más precisos y teológicos: ¿Cómo sé si una Misa es válida?

Durante varios días he estado meditando si hacer pública mi respuesta, pues sé que, aunque es importante que el católico sepa si realmente está asistiendo a Misa, las dudas que se pueden generar en personas de fe débil y no formada, podría causarles desánimo y mayor confusión. No obstante, debido a la importancia y a la actualidad del tema, creo que se debe tratar del mismo. Avisando a aquellos de fe más débil que se lo piensen dos veces antes de seguir leyendo, no sea que su lectura les cause más confusión que servirles de ayuda.

Primero de todo decirles que tanto la Misa del “Novus Ordo” (o de Pablo VI) como la Misa Tridentina (Rito Extraordinario de la Santa Misa en latín) son válidas. Otra cosa diferente es cuál de las dos misas expresa mejor el significado sacrificial de la Santa Misa. Respecto a ello, no hay duda que la Misa Tridentina, con mucha diferencia, expresa mucho mejor esta dimensión sacrificial.

Hace unos días hablaba con una señora  enferma de cáncer que me decía que ella misma había tenido que ir al Laboratorio X para conseguir la quimioterapia que le estaban administrando, pues no se fiaba de la empresa que la traía al hospital, ya que en varias ocasiones habían descubierto que estaban falsificando las medicinas en laboratorios clandestinos[1]. Si ponemos tanto cuidado cuando se trata de la salud corporal, ¿por qué no llevamos el mismo cuidado, si no más, cuando está en juego la validez de un sacramento, pues de ello puede depender incluso nuestra salvación eterna?

Dada la confusión y el desorden litúrgico reinantes en nuestra Iglesia desde hace más de cincuenta años, creo que le es necesario al fiel cristiano saber con el mayor grado de certeza posible, si la Misa que está oyendo es realmente tal.

Para que una Misa sea tal, ha de realizarse en ella la consagración del pan y del vino; es por ello que una Liturgia de la Palabra no es Misa, pues aunque fuera celebrada por un sacerdote, no se realiza la parte esencial de la Misa que es la consagración.

Para que la consagración sea válida (y como consecuencia la Misa también) hacen falta los siguientes requisitos[2]:

  • Que el sacerdote esté válidamente ordenado.
  • Que el sacerdote pronuncie la fórmula de la consagración tal como aparece en los libros litúrgicos aprobados por la Santa Sede y por la Conferencia Episcopal de cada país.
  • Que el sacerdote celebrante tenga la intención de consagrar el pan y el vino, para que así se transformen en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
  • Que para la confección del sacramento se use la materia prescrita para el mismo: pan ácimo de trigo y vino de vid.

Examinemos ahora cada uno de estos cuatro puntos.

1.- Que el sacerdote esté válidamente ordenado.

Dado que la Misa sólo la puede celebrar un hombre que haya recibido el sacramento del Orden en el grado del presbiterado o superior, se supone que todo sacerdote que tiene un cargo parroquial en una diócesis, está válidamente ordenado. La única duda que podríamos tener vendría del obispo que le ordenó. Si el obispo que ordenó a este sacerdote no celebró este sacramento según los requisitos que exige la Iglesia para ello, entonces el sacerdote en cuestión no estaría válidamente ordenado y como consecuencia no sería sacerdote. En otras palabras, las misas, y los demás sacramentos que requirieran tener el sacramento del Orden en el grado de presbiterado, serían nulos.[3]

2.- Que el sacerdote pronuncie la fórmula de la consagración tal como aparece en los libros litúrgicos aprobados por la Santa Sede y por la Conferencia Episcopal de cada país.

Si el sacerdote celebrante cambia voluntariamente en todo o en parte la fórmula de la consagración, en las palabras que se consideran esenciales para la misma, la consagración es inválida.

Si el sacerdote celebrante cambia la fórmula de la consagración en las partes que no son esenciales, la consagración sería válida pero ilícita.

El sacerdote debe respetar con integridad todas y cada una de las palabras tal como aparecen en el Misal aprobado por la Santa Sede, ya sea éste del Novus Ordo como el Misal Romano Tridentino.

¿Cuáles son las palabras de consagración del pan y del vino?

Para la consagración del pan: “Hoc est enim corpus meum” y las traducciones dispuestas por la Santa Sede. Se consideran esenciales para la validez: “Hoc est Corpus meum”.

Para la consagración del vino: “Hic est enim calix sanguinis mei, novi et aeterni Testamenti, mysterium fidei, qui por vobis, et pro multis effundetur in remissionem peccatorum” y las traducciones dispuestas por la Santa Sede. Se consideran esenciales para la validez: “His est calix sanguinis mei”.

No es lícito añadir ni omitir una sola de las palabras de esta doble forma sacramental sin hacerse reo de pecado grave, a no ser por involuntaria distracción o inadvertencia. Y si el cambio se hiciera en las palabras esenciales para la consagración, no habría consagración y como consecuencia, tampoco habría Misa.

3.- Que el sacerdote celebrante tenga la intención de consagrar el pan y el vino, para que así se transformen en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

Si el sacerdote, bien por falta de fe o por algún otro motivo, no tiene intención de consagrar, -tal como la Iglesia entiende este término, y le da otro diferente-, la consagración sería inválida.

Este quizás sea el punto más difícil de comprobar objetivamente. ¿Cómo podemos saber si el sacerdote tiene realmente intención de consagrar? Ante la dificultad de saberlo objetivamente, pues la “intención” es algo “interno”, le pregunté a un sacerdote experimentado y santo si había algún modo de saberlo a ciencia cierta. Él me respondió que se puede suponer que tiene intención de consagrar cuando:

Se sabe que es un sacerdote con fe.

  • Cree en la Eucaristía y en los demás sacramentos y dogmas de la Iglesia.
  • Celebra la Misa con respeto, devoción y siguiendo las rúbricas tal como dice la Iglesia.
  • Su predicación es profunda y sobrenatural.
  • En su predicación y catequesis habla del respeto a la Eucaristía, de la necesidad de recibirla en estado de gracia santificante, y de confesarse previamente a su recepción si hubiera pecado grave.
  • Es respetuoso con el sacramento de la Eucaristía: se arrodilla ante el Santísimo expuesto, cuando pasa por delante de Él o después de hacer la elevación del mismo en la Santa Misa.
  • Purifica cuidadosamente los vasos sagrados y se purifica los dedos después de distribuir la Sagrada Comunión.
  • No usa los ministros extraordinarios de la Eucaristía si no hay necesidad.
  • Otros signos externos: lleva vestidura talar, usa los ornamentos litúrgicos establecidos para la celebración de la Santa Misa…

La presencia de todos o de la mayoría de estos “signos” nos habla a favor de que tenga intención de consagrar. La ausencia de la mayoría de estos signos hablaría en contra de su intención; por lo que probablemente no habría consagración, ni tampoco Misa.

¿Qué debería hacer un fiel cuando cree que un sacerdote que celebra la Santa Misa no tiene intención de consagrar?

Primero de todo, si es posible, manifestarlo al mismo sacerdote para comprobar si es imaginación de uno o si hay realmente un problema de fondo. Si este primer paso no fuera posible, entonces lo debería manifestar a su obispo, para que éste hiciera las comprobaciones necesarias. Independientemente de esto, si tal situación me ocurriera a mí, mientras que todo se aclarara, yo iría a buscar Misa en otro lugar donde no tuviera dudas de la validez de la misma.

No obstante les hago saber que, si una persona asiste a Misa de buena fe, creyendo que el sacerdote cumple con los requisitos exigidos por la Iglesia para la validez del sacramento, pero no tiene intención de consagrar, el fiel cumpliría con el precepto dominical, aunque no recibiría la Sagrada Comunión sino un trozo de pan.

Otra cosa totalmente diferente es cuando el sacerdote celebrante cumple con todos los requisitos para la celebración de la Santa Misa, pero él personalmente está en pecado mortal y pudiéndose confesar no lo ha hecho por negligencia. La Misa sería válida, aunque el sacerdote cometería un sacrilegio por celebrarla en pecado mortal.

4.- Que para la confección del sacramento se use la materia prescrita para el mismo: pan ácimo de trigo y vino de vid.

Cada vez es más frecuente escuchar que en tal Iglesia celebran la Misa con galletas María, o que en lugar de vino, lo hacen con Coca-Cola…

La única materia que el sacerdote puede usar en la celebración de la Santa Misa para la confección del sacramento de la Eucaristía son: pan ácimo de trigo y vino de vid. Si el pan que se usa es de trigo, pero no ácimo, la consagración sería válida (en cuanto a la materia de la misma), pero ilícita. Cualquier otro producto que utilice que no sean pan de trigo y vino de vid, hace que no haya consagración, y como consecuencia, que la Misa sea inválida, y además, sacrílega.[4]

[1] Aunque la señora me daba más detalles, yo sólo les diré que este hecho ocurrió en Sudamérica.

[2] De todo esto hablaremos con más profundidad en el próximo Curso sobre Sacramentos que comenzaremos, Dios mediante, en el próximo mes de octubre.

[3] No confundamos la validez de un sacramento con la licitud del mismo. Ya estudiaremos esto más detenidamente cuando hablemos en el Curso sobre los Sacramentos.

[4] Si desea más información sobre todo esto puede ver también el artículo publicado en https://www.aciprensa.com/noticias/sepa-lo-que-debe-y-no-debe-hacerse-en-la-celebracion-de-la-misa/

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