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Del "Todos los Santos" al diabólico Halloween

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Nos acercamos a unas fiestas litúrgicas de primer orden: la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Es una celebración dedicada a la Iglesia Triunfante del Cielo (Todos los Santos) y a la Iglesia Purgante del Purgatorio (Fieles Difuntos), y a nuestra relación con ellas, como Iglesia Peregrina y Militante en la Tierra.

Por un lado, recordamos, damos gracias a Dios y pedimos la intercesión de nuestros hermanos que se han salvado. Ellos nos enseñan nuestra meta final, nos animan en nuestro caminar hacia el Cielo, interceden por nosotros y nos recuerdan constantemente el sentido de nuestra vida en este mundo: hemos sido creados por Dios que es Amor para ser santos, para amarle y ser amados por Él, y de ese modo, ser felices con Él eternamente, acompañados de todos nuestros hermanos bienaventurados. En este mundo no tenemos nuestra morada definitiva, sino que somos peregrinos en busca de nuestra Patria definitiva, la Jerusalén Celestial, de la que nos habla la Revelación (Heb 11: 14—16). ``Santos’’ son todos los moradores del Cielo. Ser santos, es también nuestra vocación: vivir santamente en la tierra (los primeros cristianos se denominaban entre ellos, ``los santos’’ ---Hech 9:13.32.41; 26:10; Ro 1:7; 1 Cor 1:2; etc.---), y alcanzar la santidad definitiva en los Cielos. Algunos santos del Cielo son conocidos, pues la Santa Iglesia los ha canonizado, los ha incluido en la ``lista’’ de los salvados. Otros muchos, son anónimos, pero están gozando del estado de bienaventuranza eterna. Son multitudes ingentes (Ap 7:9). De toda clase y condición, de todas las edades, de todas las naciones. Esta fiesta preciosa de la Solemnidad de Todos los Santos, alimenta nuestra fe y nos llena de esperanzas y de verdaderos desafíos para vivir una vida cristiana más perfecta.

Por otro lado, en la Conmemoración de los Fieles difuntos, elevamos nuestras oraciones por todos aquéllos de nuestros hermanos que ya murieron, y por hacerlo en estado de gracia, se han salvado, pero todavía no habían alcanzado la perfección necesaria para entrar en el Cielo, donde, como dice la Escritura, ``nada impuro puede entrar’’ (Ap. 21:27; 22:14), por tener pecados veniales o reato temporal de los pecados cometidos (Concilio de Florencia, D.H, 1304—1305; Concilio de Trento, D.H. 1487—1490).

El Purgatorio es una nueva manifestación del Amor y de la Bondad divinas. Las benditas almas del Purgatorio están salvadas, pero su entrada en el Cielo se posterga hasta el término de su purificación. La conmemoración de los Fieles Difuntos, nos invita a rezar por ellos, pues nuestros sufragios, las oraciones variadas y las indulgencias aplicadas en su favor por la Iglesia en la Tierra, Peregrina y Militante,  son de inmensa ayuda para nuestros hermanos. Esta conmemoración nos ayuda también a los que todavía vivimos a pensar en la muerte con sentido verdaderamente cristiano, ya prepararnos para la misma con amor y confianza en Dios, pero también con el saludable temor.

Ambas fiestas alimentan la virtud teologal de la esperanza en el corazón de los cristianos, y nos llenan, nuevamente, de alegría y de acción de gracias y amor a Dios por tantas bondades.

El Demonio, nuestro enemigo, no podía permitir esta fuente de bendiciones. Y en su esfuerzo por apartarnos de Dios, encontró una poderosa ayuda en la extensión de celebraciones que se oponen a las mencionadas. Entre ellas sobresale el llamado ``Halloween’’, costumbre que supone la inversión de las mismas, y  el ataque de nuestro enemigo el Demonio, para intentar destruir en el corazón y en la fe de los cristianos las verdades de fe que celebramos. En efecto, el Halloween es un intento de burla y de destrucción de nuestra fe en las cosas propias de la Escatología cristiana, y además, un modo de apartarnos de nuestra maravillosa vocación a la santidad.

Para comprender esto, basta con recordar algunas características de lo que es y significa el ``Halloween’’ hoy en día, con independencia de la historia del mismo, que ya es bastante significativa (cfr. ``Halloween y el cristianismo’’, por Ernesto Maria Caro, en www.evangelization.org.mx. ), o de las aparentes ``inocuas’’ costumbres infantiles de esta fecha:

  1. El 31 de Octubre, en relación con su origen pagano, es usado por grupos neopaganos, para celebraciones satánicas y ocultistas. Es como el año nuevo para la brujería. Por ejemplo, A. LaVey, sumo sacerdote de la iglesia de satanás, afirma que en esta noche, los poderes satánicos, ocultos y de brujería están en su máximo poder y expresión. Por eso, en muchos países se realizan misas negras, cultos espiritistas y reuniones en relación con el mal y el ocultismo.
  2. Va contra las enseñanzas de la Iglesia en contra de la brujería en todas sus formas: espiritismo, hechicería, adivinación, etc.
  3. Se opone al primer mandamiento de la Ley de Dios.
  4. Contamina y esclaviza a los más inocentes, a los niños, haciéndoles tomar como ocasión de juego, realidades como la magia, las brujas, los demonios, etc. Su conciencia moral queda afectada por el hecho de considerar como diversión personajes relacionados con el mal y el ocultismo.
  5. Por lo mismo, los niños pueden acabar pensando que el demonio, el mal, el satanismo, etc. son solo fantasías que no les pueden afectar. De este modo, les facilitamos el que puedan participar en juegos y costumbres satánicos peligrosísimos cuya práctica se va extendiendo entre nuestra población joven (Ouija, lápiz que se mueve, invocación a los muertos, etc.).
  6. Borra y desfigura la verdadera fe sobre el sentido de la muerte, del más allá, de la realidad del mal, del peligro de nuestro enemigo el demonio, etc.
  7. Se extiende una forma más de relativismo y sincretismo religioso, que acaba debilitando y destruyendo nuestra vida y nuestra fe cristianas.

Es del todo acertado concluir con el P. Santiago González (``Halloween y la Estupidez Extendida’’, en adelantelafe.com):  ``Halloween es, sobre todo, la fiesta SATÁNICA por excelencia. Es el «cumpleaños» del diablo celebrado en todo el mundo por sus seguidores. El día y la noche con mayor número de Misas negras, profanaciones eucarísticas, abusos terribles de menores que desaparecen….y el signo del DISFRAZ para festejar este evento se debe a que cubrir el rostro con una apariencia vampírica es un acto de homenaje al padre de la mentira y encubridor por excelencia: Satanás. Nadie mejor que él sabe presentar todo lo malo desde una apariencia atractiva a los sentidos’’.

Por todo ello, un verdadero cristiano debe de rechazar de cualquier forma la participación  en esta fiesta demoniaca y pagana. De no hacerlo así, no solo podemos incurrir en varios pecados, sino que también  cooperamos con el mal y envenenamos nuestra fe, además de que nos ponemos nosotros y exponemos a nuestros hijos a muy serios peligros. Rechacemos estas costumbres paganas, y gocemos de las verdaderas fiestas y gozos de nuestra fe: la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles difuntos.

P. Juan A. de Jorge García-Reyes

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