El Bautismo: antecedentes, el bautismo de Juan y de Jesús (Sac. 2.1)

bautismo de Jesús

El Sacramento del Bautismo (Capítulo 2)

En el capítulo 2 de este Tratado sobre los Sacramentos procederemos a hacer un estudio del sacramento del Bautismo. Para ello, seguiremos el siguiente esquema:

  1. Historia del sacramento del Bautismo.
    1. 1.Ritos de iniciación y purificación en otras culturas o religiones.
    2. 2.Prefiguraciones del Bautismo en la Antigua Alianza.
    3. 3.El bautismo de Juan el Bautista.
    4. 4.El bautismo de Jesús en el Jordán.
    5. 5.El Bautismo como sacramento instituido por Jesucristo.
    6. 6.El Bautismo celebrado por los primeros cristianos.
  2. Naturaleza del Bautismo Sacramental.
    1. 1.Materia próxima y remota.
    2. 2.Forma del sacramento.
    3. 3.Ministro del sacramento.
    4. 4.Sujeto apto para ser bautizado.
    5. 5.Los padrinos del Bautismo.
  3. Efectos propios del sacramento del Bautismo
    1. 1.Borrar el pecado original y los pecados personales.
    2. 2.Hacernos hijos de Dios.
    3. 3.Hacernos miembros de la Iglesia: el carácter sacramental.
    4. 4.La efusión de las virtudes teologales.
  4. Necesidad el Bautismo en orden a la salvación.
  5. Los sacramentos de la Iniciación Cristiana.
  6. Otros tipos de Bautismo
    1. 1.El Bautismo de urgencia.
    2. 2.El Bautismo de deseo.
    3. 3.El Bautismo de sangre.
    4. 4.El Bautismo en religiones cristianas no católicas.
    5. 5.Los niños muertos sin bautizar: El limbo.
  7. Breve análisis de la teoría (herética) del cristianismo anónimo de K. Rahner.

 

Bautismo: antecedentes y repaso histórico (Cap 2.1)

A poco que estudiemos un poco la historia de las religiones, y por el hecho de que el hombre puede llegar a conocer la existencia de un Ser Supremo por sus propias fuerzas naturales, descubriremos que la gran mayoría de las culturas y religiones que han existido a lo largo de la dilatada historia del hombre han tenido dos elementos básicos comunes: uno, el hecho de reconocerse pecador ante ese Ser Supremo, y como consecuencia de ello, buscar algún tipo de rito o ceremonia para “aplacar” su ira, purificarse o ganarse su favor; y otro, algún rito de iniciación, por lo general, de tipo religioso, para pertenecer a esa religión o cultura determinadas.

1.- Ceremonias de iniciación y purificación en religiones y culturas precristianas y mistéricas

En muchas culturas y religiones precristianas, especialmente en las llamadas religiones mistéricas más primitivas, existían ritos de purificación e iniciación pero que no eran universales y además solían estar plagados de elementos mágicos. Eran ritos reservados a un clan o etnia, incluso a veces sólo destinados al varón o a la mujer (religiones mitraicas); y en muchos casos sólo tenían una dimensión de purificación de manchas rituales e incluso de las contraídas a causa del contacto con algunas personas o cosas prohibidas; y no tanto como consecuencia de una búsqueda de perdón por las ofensas realizadas a una deidad o ser supremo. [1]

Siendo el agua un elemento tan abundante en la naturaleza y su uso para el lavado y limpieza tan natural, se comprende que ese uso haya sido extendido en diversas religiones con variados simbolismos, en ocasiones para significar alguna clase de purificación moral o ritual, con carácter más o menos mágico.

En general el agua es símbolo de vida, purificación, paso de un estado a otro, de destrucción, y a la vez de renacimiento. Se relaciona con la fertilidad y con una profunda transformación del ser. Renacimiento y purificación para la iniciación en la vida religiosa y espiritual y sus prácticas, así como limpieza del cuerpo de los difuntos para prepararlos para la vida posterior.

Veamos algunos ejemplos del uso del agua como elemento purificador en culturas antiguas:

  • Simbolismo del agua en Egipto: El agua es fuente de vida, símbolo de nacimiento, renacimiento y fecundidad. Por esta circunstancia muchos templos en Egipto tenían un lago sagrado, donde ellos creían que cada mañana surgía el mundo de la oscuridad. De este lago recogían agua para las abluciones con claro simbolismo purificador.
  • En las culturas precolombinas: Para los incas, los ritos de purificación eran muy importantes. Los indios Karaja del Brasil, hablan de las lustraciones bautismales de los recién nacidos en México, donde antes de sumergirlos en el agua decían que este baño te lave los pecados de tus padres.
  • También como elemento de sanación ha quedado demostrado en cultos religiosos del periodo neolítico y la Era de Bronce en Europa, y sus propiedades curativas se consideran inherentes a su poder sobrenatural.
  • En la cultura grecorromana: Los principales actos religiosos de la cultura grecorromana estaban precedidos por abluciones realizadas antes de entrar en los templos como nos muestra Justino, o bien antes de los sacrificios como se describe en la Eneida. Se utilizaba la inmersión como ritual de generación, y así introducían las estatuas en el agua. A la diosa Cibeles se le bañaba, bien en el río o bien en un estanque para conservar su poder.

Y también aparece con este sentido purificador en multitud de religiones primitivas y actuales:

  • Para los budistas, el agua simboliza pureza, claridad y calma, y para ellos es crucial vivir en armonía con el medio ambiente.
  • En el hinduismo, se usa como purificación, estando obligados a usarla todos los días. Cerca de los templos hay una fuente donde se purifican antes de entrar. Para el hinduismo, el agua posee poderes de purificación espiritual. Los creyentes que se bañan en el Ganges.
  • En el islam, el agua tiene ante todo una función purificadora. El musulmán debe enjuagarse la cabeza, lavarse las manos, los antebrazos y los pies antes de las cinco oraciones diarias. Las mezquitas siempre tienen puntos de agua, a menudo fuentes, para estas abluciones
  • En el sintoísmo, todo culto empieza siempre con una purificación mediante el agua. Entre sus muchas deidades relacionadas con la naturaleza, están las cascadas, consideradas sagradas.
  • En el zoroastrismo, el agua es utilizada de diferentes formas, pero siempre proporciona bendiciones, ella es la energía que sana, que purifica y que da vida.

 

2.- La purificación en el judaísmo

La Ley de Moisés conocía e imponía el baño de agua como medio legal de purificación para personas (Lev 14:8; 15:16-18; Num 19: 2-10), y a veces también para objetos (Lev 11:32.40). A estas disposiciones mosaicas añadían los rabinos muchas otras de una minucia extremada, como nos dice el mismo Jesucristo (Mc 7: 8-13).

En el Antiguo Testamento este valor purificador del agua está presente en muchos pasajes:

  • Al lavarle los pies al siervo de Abraham (Gen 24:32).
  • Cuando al consagrar a los descendientes de Aarón como sacerdotes, les manda lavarse con agua (Ex 29:4).
  • Hay una mención expresa de lavarse con agua para eliminar la impureza del hombre y de la mujer en Lev 15: 5-13. Al ordenar purificar a los levitas con la aspersión de agua expiatoria (Num 8:5).
  • Esta idea de limpieza también se asocia a la curación de enfermedades, y así aparece en 2ª Rey 5:10 cuando Eliseo manda decir a Naamán que se lave siete veces en el Jordán.

 

3.- El bautismo de Juan

Desde la mitad del siglo II a. C. hasta el 300 d. C., hubo en Palestina y por toda Siria un considerable movimiento baptista que comprendía grupos distintos y muy diversas concepciones.

Inmediatamente antes de la aparición de Jesús surge en Palestina la figura de Juan, a quien sus contemporáneos llamaron el Bautista. El bautismo de Juan prepara un pueblo de Dios santo para el tiempo mesiánico. Es un bautismo único, conferido en el desierto con miras al arrepentimiento (Mt 1:4); comporta la confesión de los pecados y un esfuerzo de conversión definitiva (Mt 3:6 ss.). Es un bautismo de agua, preparatorio del Bautismo mesiánico en el Espíritu Santo y fuego (Mt 3:11; Hech 1:5; 11:16).

4.- El bautismo de Jesús en el rio Jordán

Todos los evangelistas narran el hecho del bautismo de Jesús en el rio Jordán por Juan el Bautista: Mt 3: 13-17; Mc 1: 9-11; Lc 3: 21-22.; Jn 1: 29-34. El bautismo de Jesús en el Jordán anuncia y prepara su otro bautismo "en la muerte" (Lc 12:50; Mc 10:38), encuadrando así entre dos bautismos toda su vida pública.

En este bautismo, Jesús es coronado por la bajada del Espíritu Santo y proclamado por Dios Padre como Hijo suyo muy amado (Mt 3:17). La venida del Espíritu Santo sobre Jesús es una investidura que responde a las profecías del Antiguo Testamento (Is 11:2; 42:1), y es, al mismo tiempo, el anuncio de Pentecostés, que inaugurará el bautismo en el Espíritu para la Iglesia (Hech 1:15) y para todos los que entran en ella (Ef 5: 25-32). El reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios anuncia la filiación adoptiva de los creyentes, participación de la de Jesús y consecuencia del don del Espíritu (Gal 4:6).

En el bautismo, al comienzo mismo de su ministerio público, Cristo aparece movido, poseído y dotado plenamente de los dones del Espíritu para su obra de Mesías. Es la proclamación oficial de lo que Cristo ya es desde la Encarnación.

La Tradición ha visto en el bautismo de Jesús la idea de que, por el contacto de la humanidad de Jesús con el agua, se le comunicó a ésta la virtud santificadora que ella ejerce en el sacramento cristiano del Bautismo; es por ello que ha visto en el bautismo de Jesús la institución del Bautismo cristiano.[2]

5.- El Bautismo cristiano en los inicios de nuestra fe

Algunos críticos e historiadores de las religiones hicieron numerosas tentativas para decir que el Bautismo cristiano era una imitación de las abluciones purificatorias o ritos "bautismales" de algunos cultos paganos, pero nada más lejos de la realidad. Aunque se pueda hablar de alguna similitud, en ningún momento se puede decir que haya dependencia, y muchos menos, semejanza en los elementos esenciales.

Muchas otras religiones incorporan el ritual del lavado o abluciones como son: el hinduismo, el islam, el sintoísmo, el taoísmo, etc.; pero al analizar todas las religiones, Franz König asegura, que el bautismo cristiano es singular: “No hay ninguna religión en que la ablución o ceremonia de inmersión en agua tuviera por efecto la entrada real en el ámbito de Dios”. [3]Este mismo autor afirma que el bautismo anterior a Cristo nunca fue un rito necesario para la salvación, y que los bautismos paganos y los baños rituales que aparecen en las religiones mistéricas, son simplemente un rito más entre otros, incluso de menor importancia ya que son purificaciones preparatorias.

El bautismo de Juan y el Bautismo cristiano comparten tres cosas: la unicidad de su administración, la administración por otro, y el carácter escatológico salvador; pero se diferencian en muchas otras: Por ejemplo, el Bautismo cristiano borra el pecado, nos hace hijos de Dios y miembros de su Cuerpo Místico; en cambio, el bautismo de Juan no era tanto de purificación cuanto de conversión y de arrepentimiento por los pecados.

El agua en el Bautismo cristiano purifica, limpia los pecados, sumerge al neófito en la muerte y renace de nuevo como hombre santificado para iniciar una nueva vida, da la gracia. Además de producir ese efecto interior, por el hecho de ser bautizados en el Espíritu Santo, nos introduce en Dios, no hace hijos adoptivos de Él, nos abre las puertas de reino de los cielos -como Jesús le comentó a Nicodemo. Y a la vez, esa agua derramada, es signo de que esa nueva criatura es recibida por la Iglesia e incorporada al Cuerpo Místico de Cristo.

El Bautismo cristiano es instituido y promulgado por Jesús resucitado. San Mateo y San Marcos recogen fielmente el mandato de Cristo:

"Jesús, acercándose, les dijo: Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19).

“Y les dijo: -Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea se condenará” (Mc 16: 15-16).

Después de su resurrección, Jesús envía a sus discípulos a convertir a todos los pueblos y bautizarlos. Los Apóstoles, según este mandato de Cristo, habían de llevar el mensaje evangélico y la incorporación a su reino por el Bautismo. La finalidad, pues, de la misión de los Apóstoles es doble: enseñar el Evangelio y bautizar.

De la actuación de los Apóstoles con relación al Bautismo en la primitiva Iglesia se deduce un hecho cierto: la vinculación estrecha y necesaria que une la administración del Bautismo a la predicación apostólica desde sus orígenes. El hecho aparece claramente en cada página de los escritos apostólicos, pero sobre todo en los Hechos de los Apóstoles. En muchos pasajes de este libro (Hech 2: 37-41; 8: 12 ss.; 9: 10-18; 10: 44-48; etc.) se resalta la costumbre de administrar el Bautismo a los que creían por la predicación de los Apóstoles.

También se desprende de los escritos apostólicos que, desde los comienzos, el Bautismo se considera como una institución permanente. Parece que el Bautismo se administraba en la Iglesia primitiva por inmersión; la Didajé (7, 3) permite también en caso de necesidad el Bautismo por infusión. En Mt 28:19 se deduce que el bautizante acompañaba la acción con una fórmula bautismal trinitaria "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", que es la misma usada actualmente.

Todo el Nuevo Testamento lo considera como un rito de iniciación necesario para el que quiera pertenecer a Cristo, al Reino de Dios y a la comunión de los fieles. Es la condición de entrada en el reino de Dios, como dijo Cristo mismo a Nicodemo (Jn 3:5) y también el medio necesario de salvación (Mc 16:16). Consagra al catecúmeno a Dios, introduciéndole en la Iglesia visible y por ella en la comunión con Cristo y con el Padre en el don del único Espíritu (Ef 2:15).

El Bautismo significa y produce la purificación moral interna que se opera en virtud de la obra salvífica de Cristo (Heb 10:22). Al recibir este Sacramento, el hombre, creyendo en la virtud redentora de la muerte y resurrección de Cristo, pasa, por su unión con Él, de la muerte a la vida. La regeneración bautismal no es una manera de ser estática, adquirida de una vez para siempre; es la entrada en un estado dinámico, vida superior de la que no debe decaer el alma. De ahí la exigencia de un constante esfuerzo espiritual para hacer cada día más efectiva la muerte al pecado y la vida para Dios (Rom 6:12 ss.). La vida cristiana es vida pascual. En ella, el Bautismo, como recuerda la liturgia de la Noche Pascual, supone promesa de vivir renacidos en Cristo, voluntad de conservar sin mancha la vestidura blanca recibida y de preservar la gracia simbolizada por la vela encendida. El creyente, unido por su Bautismo a la Pascua de Cristo es invitado a entrar un día en su reino glorioso (Col 1:12) y en posesión de la herencia celestial (Ef 1: 14 ss.).

Tal como nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles, el bautismo practicado por los Apóstoles inmediatamente después de Pentecostés tiene el sentido y el fondo siguientes:

  • Es expresión de la conversión realizada, y produce sacramentalmente el perdón de los pecados (2:38; 3:19; 5:31; 11:18). La fe en Jesús y la aceptación del mensaje cristiano, es condición previa para el Bautismo (2:41; 4:4; 8:4).
  • El Bautismo es administrado en el nombre del Señor, Jesús (2:38; 8:16).
  • En él tiene lugar la efusión del Espíritu (2:38; 2: 17-21).
  • Produce la incorporación a la comunidad de salvación de Jesucristo (2:41; 5:14; 11:24).

En las Epístolas de San Pablo vemos un impulso decisivo en la profundización de la doctrina sobre el Bautismo. Frente a la justicia de la ley, propone en primer lugar, teológicamente, la fe. Presenta el Bautismo como una institución indiscutible y lo inserta firmemente en la estructura total de su teología. Para San Pablo, el Bautismo es una purificación, que de una vez para siempre lava al catecúmeno en nombre del Señor y por el Espíritu (1 Cor 6:11); purificación no únicamente individual, sino de carácter comunitario y eclesial (Ef 5:26). El Bautismo es un nuevo nacimiento, un baño de regeneración y de renovación en el Espíritu Santo (Tit 3:5), que hace al bautizado hijo de Dios. Es una nueva circuncisión, la circuncisión de Cristo, que agrega al nuevo Pueblo de Dios (Col 2:11 ss.; Ef 2: 11-22); un sello impreso para siempre en el alma por el Espíritu Santo (Ef 1:13) una iluminación, paso de las tinieblas del pecado a la luz de Cristo resucitado (Ef 5, 8-14).

Otra idea importante en la doctrina paulina es la relación del bautizado con las personas divinas. El Bautismo purifica, santifica y justifica al que lo recibe por el nombre del Señor y por el Espíritu de Dios, el cristiano se convierte en templo del Espíritu Santo (1 Cor 6:19), hijo adoptivo del Padre (Gal 4: 5 ss.), hermano y coheredero de Cristo en unión íntima con Él (Rom 8:2.9.17; Gal 3:28).

Los bautizados se revisten de Cristo, están enteramente sometidos al influjo divino; están además unidos entre sí en la unidad misma de Cristo y de su cuerpo glorificado (Gal 3:27; Rom 13:14); ya no forman sino un mismo espíritu con Cristo. Pero la enseñanza paulina precisa y profundiza aún más esta idea, cuando presenta esta unión con Cristo por el Bautismo como una inserción en Cristo crucificado y glorificado. La inmersión en el agua bautismal y la emersión que la sigue, simbolizan y realizan la participación en la muerte y resurrección de Cristo. De suerte que el bautizado realiza en unión con Cristo lo que un día se cumplió en Cristo mismo (Rom 6:48; Gal 2: 19 s.; Ef 2: 5 ss.) El Bautismo es un sacramento pascual: el bautizado muere al pecado, y vive para Dios en Cristo (Rom 6:11), vive de la misma vida de Cristo (Gal 2:20). La transformación así realizada en el Bautismo es radical: es despojamiento y muerte del hombre viejo y revestimiento del hombre nuevo (Rom 6:6; Col 3:9), nueva creación a imagen de Dios (Gal 6:15).

La primera carta de San Pedro está fuertemente empapada de la idea bautismal. Algunos autores ven en ella una homilía a los neófitos, y otros pretenden descubrir toda una primitiva liturgia bautismal. El autor de la carta comenta con entusiasmo los beneficios de la generación espiritual: el Bautismo constituye la salvación para los creyentes (1 Pe 3:21; 4:18), obra la remisión de los pecados (1 Pe 3:18 ss.). El bautizado es regenerado, posee una vida nueva y divina (1 Pe 1: 3-12). Los bautizados forman el Pueblo Santo de Dios en Cristo (1 Pe 2: 4-10).

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Con esto acabamos esta breve historia de los ritos de purificación en el hombre hasta su desarrollo definitivo en el Bautismo sacramental cristiano.

En el siguiente artículo pasaremos a estudiar en profundidad la naturaleza del Bautismo, la materia y la forma del mismo, etc…


[1] Para más información al respecto pueden consultar el libro “Historia de las religiones” de Manuel Guerra, BAC, Madrid, 1999.

[2] San Atanasio, PG 26, 1080; San Juan Crisóstomo, PG 57, 206.

[3] König, Franz., Diccionario de las religiones, Barcelona 1964.

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